RECUERDOS ESCOLARES
Mi nombre es Mª Luisa y soy la abuela de Isabel.
Nací en Cuba y allí empecé al colegio. Lo llamaban Kindergarten que quiere decir Jardín de infancia.
De esa época me acuerdo poco, pero una cosa me quedo grabada. Fue el día en que otra niña y yo nos caímos de un balancín, allí se llamaban “Cachum bambé”, ella se rompió un brazo y yo, la única pena que tuve fue no rompérmelo también pues me parecía lo más emocionante del mundo. ¡Qué venda llevaba y qué cabestrillo! Hubiese dado un mundo por tenerlo yo también.
Cuando tenía seis años nos vinimos a vivir a España y me llevaron a la escuela de Carmita, un colegio pequeño en el que aprendí a leer y a escribir. Allí estuve poco tiempo, pero descubrí mi tendencia a tener problemas con el chicle. No tuve mejor idea que pegarle uno a la niña que estaba sentada delante en el pelo. A mí casi me matan y a ella tuvieron que cortarle unos cuantos mechones de su melena.
De ahí me llevaron a un colegio de monjas, el Asilo Pola.
Tengo la sensación de que lo único que hacíamos allí era cantar, rezar y hacer procesiones por los pasillos.
Dije antes lo de mis problemas con el chicle porque en este colegio me “pillaron” comiendo uno y una monja hizo que me lo pegase en la nariz y me puso de rodillas durante una hora. Un poco bruja ¿No? La que armó mi madre cuando volví a casa y no me podían despegar el chicle. Me quedó toda la nariz pelada.
Como allí parecía que no aprendía mucho me llevaron al colegio Piquero. En éste si aprendíamos muchas cosas. Dábamos geografía, matemáticas. Lengua, historia, costura y alguna cosa que se me olvidará.
Definitivamente yo debía ser un trasto pues me metía en líos con facilidad.
Un día me castigaron por soplarle a una compañera la capital de Checoslovaquia. ¡Claro que en vez de Praga le dije Braga!
Otro día tuve la genial idea de llevar al colegio una peluca canosa que andaba rodando por casa. Era de una compañía de teatro que se la había dejado olvidada en el teatro en el que trabajaba mi hermano. No hubo otra cosa que ver en la escuela, Mª Luisa con su mandilón blanco, lazo azul al cuello y con peluca. Está claro que me castigaron.
No recuerdo las notas que sacaba, pero si recuerdo le facilidad con la que leía los libros del revés cuando me preguntaban la lección. Claro que cuando me pillaban me daban con el libro en la cabeza y otra vez castigada.
Tenía una amiga que se llamaba Juanita y le gustaba mucho actuar y cantar. En el patio hacía obras de teatro. Incluso llevaba una sábana para hacer de telón.
Era simpatiquísima y también muy comerciante. Nos cobraba la entrada en botones del mandilón. El problema llegó cuando no había más botones que abrochar.
Fui al colegio hasta los dieciséis años y después aprendí corte y confección.
En aquella época no era frecuente que las mujeres fueran a la universidad y además en mi casa no había medios para ello. De todas formas tuve una infancia muy feliz .
Isabel Viñuela Díaz Moro (1º de ESO).