LA BELLEZA ES 1,6
Nunca me han gustado las matemáticas. Siempre he dicho que en cuanto pudiera, iba a dejar de estudiarlas, y así fue. En cuanto tuve ocasión, cogí las opciones de estudios que me libraban de aquellas odiosas matemáticas que tantos quebraderos de cabeza me daban y decidí cursar el Bachillerato artístico. Además tenía muy claro que lo que realmente me gustaba era el dibujo: quería estudiar Bellas Artes.
Cursé ese Bachiller sin ningún problema y con notas excelentes; estaba claro que aquello era lo mío. Mis notas habían ascendido desde que las matemáticas habían desaparecido.
Mi primera sorpresa llegó ya en la Facultad, estudiando Bellas Artes, cuando las matemáticas volvieron a incorporarse a mis estudios. No tenía que estudiarlas directamente como había hecho en el colegio, pero nada más empezar a hacer retratos en dibujo artístico, la cifra 1,6 representaba una proporción que se repetía constantemente (proporción divina o número áureo).
Esta proporción había sido descubierta por los egipcios y posteriormente por los griegos y romanos. Según éstos, una cara bella mantendría unas proporciones de 1,6 entre sus distintos elementos  Por ejemplo, en una cara perfecta, la boca debería ser 1,6 veces mayor que la nariz; los dientes superiores 1,6 veces mayores que los inferiores, repitiéndose constantemente las proporciones entre las diferentes partes de la cara.
Incluso, para demostrarlo en clase se elaboró una plantilla en la que encajaría la cara perfecta, es decir, una plantilla donde se mantuviera la proporción, y se pudo comprobar que famosos como Tom Cruise o Kate Moss se acercaban a dicha proporción, mientras que las fotos de gente corriente de la calle diferían más de la plantilla. Por tanto, está comprobado que la mayor cantidad de números áureos en el rostro hacen que la mayoría de las personas reconozcan a esos individuos como bellos y proporcionados. Si se miden los números áureos de una población determinada y se la compara con una población de modelos publicitarios, estos últimos resultan acercarse más al número áureo.
Fue curioso que al poco tiempo de aquello, viendo la televisión, vi un documental que hablaba sobre la cirugía plástica; en él se explicaba que en esta cirugía la proporción tenía gran relevancia cuando se pretendía hacer una modificación quirúrgica para llevar la apariencia de un individuo a una armonía.
Por tanto, la belleza y la armonía en una cara podrían ser explicadas con un solo número: 1,6.
Posteriormente descubrí que esta proporción se repetía también en la escultura, en el resto del cuerpo humano e incluso en la naturaleza.
Fue entonces cuando me di cuenta de que las matemáticas estaban presentes en todas partes, que casi todo mantenía una proporción para conseguir la armonía, y que aunque me pesara y por poco que me gustaran, iba a seguir encontrándomelas durante todos mis estudios, que aunque no tuvieran nada que ver con la ciencia y demás aspectos relacionados muy directamente con las matemáticas, sí que mantenían una relación con éstas.*