…Y que para la posteridad quede escrito, que al igual que no se puede consentir ninguna clase de paganismo o herejía, tampoco debemos permitir que una mujer se acerque a la ciencia, y mucho menos a las matemáticas, pues solo unos pocos privilegiados pueden comprenderla y estudiarla realmente. Y es Hipatia de Alejandría, a quien hoy dedico este documento. Algunos la nombran como la primera mujer que hizo una contribución sustanciosa a las matemáticas, pero a mi modo de ver, y por consiguiente al modo de ver de la Iglesia católica ortodoxa, es una hechicera que bien merecía su castigo. Aprendió de su padre Teón, filósofo y matemático de la ciudad, con quien trabajó, además de participar en la escuela platónica, donde impartía clases de matemáticas y filosofía neoplatónica, dicen que mas tolerante y aplicada a las matemáticas. Imprudente fue, se inmiscuyo en asuntos de política, y mecánica.
Anduvo creando artilugios para destilar y medir el nivel de agua y un hidrómetro graduado de latón para determinar la gravedad de los líquidos, sus densidades, y ese dichoso astrolabio plano que consiguió medir la posición de estrellas, planetas, y el Sol y calcular el tiempo y el signo ascendente del zodíaco. Se metió donde no debía, pues no es la ciencia y aprendizaje asunto de mujeres, pero no fuimos nosotros quien lo hicimos. Que queden recogidos sus apuntes como ejemplo de documentos paganos: Las Crónicas de Apolonio, donde plasmó su fascinación por las curvas: círculos, elipses, parábolas e hipérbolas, que aparecen cuando una superficie cónica, generada por una recta que gira entorno a una fija, es cortada por un plano, una vulgarización de su obra, facilitando el entendimiento de estos conceptos para sus alumnos. Escribió también comentarios sobre la Aritmética de Diofanto, contribuyendo a completar la teoría de los números y soluciones de ecuaciones algebraicas diofánticas y cuadráticas, incluyó soluciones alternativas y nuevos problemas. Y los trabajos astronómicos de Ptolomeo, recordémosle como el padre del Modelo Geocéntrico del Universo que creo el Señor, definió los pequeños círculos con movimiento uniforme que describen los planetas, cuyo centro define a su vez una orbita mayor que llamó deferente, que rodea a la Tierra donde habitamos. Realmente, yo y muchos otros, creemos que todo este trabajo, no fue creado por ella sino por su padre quien posee el verdadero mérito y quien la introdujo y formó, la hizo desarrollarse tanto física como mentalmente, era tan bella que se consideró pecado. Ambos tenían una relación estrecha, contagiándola de pasión por la búsqueda de respuestas. Dios quiso que esa mente naciera en el cuerpo de una mujer, y nos acusáis de mancharnos las manos con su sangre en plena calle, como exageran cuando afirman que con ella murió la ciencia romana. El fin de esta carta no es otro que sentenciar que pese a las acusaciones, yo, obispo de Alejandría, no mande matar a Hipatia. No fue la Iglesia, corre el rumor de que los monjes de la iglesia de San Cirilo de Jerusalén cometieron el brutal asesinato, y se me acusa a mi, Cirilo de Alejandría, de organizador el crimen. Ese maldito Orestes, amigo de Hipatia, ha informado de los hechos y exige una investigación. Pues os diré hermanos, que ya no puedo retrasar más el juicio, y que la acusación es falsa, que cabe la posibilidad según me informaron recientemente de que el cuerpo encontrado no sea ella, y que halla viajado a Atenas a seguir difundiendo sus conocimientos. Me excuso así, de todos los cargos que se me han impuesto injustamente.
Cirilo de Alejandría. Obispo de la Iglesia católica.