Aviso: mi protagonista es inventado y no refleja en absoluto mis sentimientos ni mis acciones en el colegio.
JORNADA ESCOLAR
Oigo una voz, “despierta”, y duramente me levanto, llego a la cocina más dormido que despierto y empiezo a saborear una magdalena, entre el hambre, la radio y mi hermano protestando comienzo a despertarme, cuando acabo con el vaso de leche me dirijo a mi habitación para vestirme, todavía adormilado, me acabo de poner la ropa y voy a lavarme y peinarme, se oye un ruidillo agudo e insoportable, la alarma de mi móvil, y comienzan las prisas, que si cálzate, que si se te olvida la ropa de entrenar, que si que te salga bien el examen… En el espejo del ascensor me adecento un poco, y salir a la calle es como si alguien me tirase hielo a la cara, lo que me despierta definitivamente, llego a la parada pronto, como siempre, el bus llega tarde, como siempre, cuando me subo un golpe de calor, la calefacción está muy fuerte, como siempre, lo cual hace el efecto contrario al del hielo y me vuelvo a sentir como tras levantarme, esta vez no hay ni hambre ni radio ni hermano, pero sí multitud de niños pequeños que consiguen, sin proponérselo, que no me duerma, entonces mientras me debato en un duermevela (a esas horas de la mañana esa es la cuestión) me acuerdo de que tengo que terminar las frases de sintaxis de lengua, no hay nada que me apetezca menos pero lo tengo a primera así que abro la libreta y estoy media hora pensando que si implemento, que si sujeto, cuando he terminado, el bus da un frenazo y miro por la ventana a ver que pasa, ya hemos llegado, salgo del bus, me dirijo a clase, cuando llego tengo la sensación de que mis compañeros están tan dormidos como yo, o incluso más, la clase de lengua pasa sin novedad, corregimos las frases que hice en el bus y nos manda más, como siempre; la segunda hora cae como un jarro de agua fría sobre nuestras cabezas pero con el efecto contrario (me refiero al sueño), plástica, nos la pasamos haciendo figuras de lo más retorcidas y aprovechando para hacer los deberes de inglés, por ello la clase se salda con una nota en la agenda, por fin se acaba la clase y podemos ir al patio pero nos lo pasamos terminando los deberes de inglés.
El patio se termina más rápido de lo esperado y enseguida comienza física y química, el nerviosismo se nota en el ambiente cuando comienza a decir las notas, la incertidumbre crece pues ha habido un par de suspensos que no entraban en los planes de nadie, cuando dicen mi nota suspiro aliviado, 7,7 podía ser mejor pero me conformo, el examen había sido muy difícil, el resto de la clase se pasa arañando décimas inservibles al profesor y consolando a los ya mencionados suspensos, la clase termina y llega un corto pero añorado descanso, diez minutos después llega el profesor de inglés y comienza la película vista durante la pasada clase, notas de exámenes, esta vez son mejores y no hay décimas que arañar ni compañeros a los que consolar así que, para nuestra mala suerte, podemos dar media hora de clase que pasa muy despacio, cuando quedan cinco minutos de clase empezamos a mirar al reloj con hambre y cuando el profesor da la orden salimos corriendo a comer, después de hacer una larga cola nuestras bandejas se llenan con una menestra que huele mal y tiene peor pinta y un rico filete, miro el primer plato con desprecio y como una patata por pena, saboreo el segundo con ganas, de postre, una manzana que me acompaña al patio y que tendré qué tirar pues a punto están de verme con ella, en el patio lo de siempre, entre los refuerzos y la vagancia presente en bastante gente, jugamos una birria de partido y subimos para clase justo antes de que empezase la siguiente clase, matemáticas, mi punto débil, el profesor y mis compañeros se pasan la hora hablando de radicales, polinomios, intervalos y poliedros incomprensibles, cuando el profesor me pregunta me invade una sensación escalofriante y contesto de oídas, aunque queda claro que lo he inventado combinando recuerdos de clases pasadas, el bueno del profesor prosigue con la clase, por fin acaba, hacemos la mochila y todo parece indicar que mi día ha terminado, pero entonces me acuerdo de que metemos nuestros libros en las mochilas porque tenemos Educación Física, al principio me desmorono pues ya había asimilado que volveríamos a casa, pero entonces recuerdo que hoy nos toca jugar un partido de baloncesto, mi deporte favorito, así que esta clase se convierte en la mejor del día, entre gritos de pasos, dobles y demás infracciones que protestamos cada poco y cuando el profesor da la orden, corremos hacia los autobuses, poco importa ya el resultado del partido que, por cierto, ganamos. Cuando llego al bus me doy cuenta que la calefacción sigue demasiado alta, como por la mañana, pero con una diferencia, los niños pequeños no gritan, están cansados de su día, y yo acabo mi jornada escolar como la empecé, en un duermevela.