La gallina de los huevos de oro

y el misterioso vendedor

de queso de Cabrales

 

Por Marta Nores Moro  colegio Ecole

 

Érase una vez, unos campesinos, llamados Mariana y Laurencio, que tenían una gallina que ponía huevos de oro… Seguramente este cuento ya lo conocéis y lo habréis oído mil veces ¿verdad?  Pero el que yo os voy a contar no es igual.

En el cuento de la gallina de los huevos de oro el personaje que chantajeaba a los dueños de la gallina era un duende, pero aquí no. En este misterioso cuento no existe ningún gnomo, ni duende, ni nada por el estilo, sino que aparece un vendedor de queso de Cabrales que conocía el secreto de la gallina y quería cambiársela por un queso. ¿Por qué no aceptaban el cambio los campesinos?

 

En una choza de una ladera del monte, cuidando vacas, ovejas y gallinas, vivían unos campesinos que tenían una gallina que ponía huevos de oro y dos hijos. No muy lejos de su casa había un árbol hueco por cuyo interior se entraba a q una cueva en la que vivía un vendedor de quesos de Cabrales llamado Genaro, al que los hijos tenían miedo porque era un personaje ciertamente raro, tanto que es el malo de nuestra historia.

Todas las mañanas llegaban Pepa y Maruja, las lecheras, que compraban a Mariana y a Laurencio la leche que bajaban para vender en el pueblo. Los campesinos tenían fama de ser muy ahorradores porque eran muy ricos y no bajaban a gastar al pueblo, pero era para no dejar la gallina sola, por si se la robaban y eso fue precisamente lo que pasó un 21 de julio. Ese día las lecheras no subieron al monte y Mariana y Laurencio tuvieron que bajar hasta el pueblo y dejaron a sus hijos al cuidado de la gallina. Pero como los niños tenían miedo de Genaro y cuando lo vieron acercarse a la casa, estando solos, les entró miedo y se escondieron, lo que aprovechó el quesero para llevarse la gallina y dejar algo en su lugar, a modo de pago por el valioso animal que se había llevado.

Cuando los campesinos regresaron a casa no encontraban a sus hijos y, preocupados, empezaron a llamarlos. La niña salió de la bañera y el niño del reloj de pared. Al ver aquello tan raro pensaron lo peor y salieron corriendo al gallinero. Se llevaron un gran susto, no estaba la gallina, pero en su lugar, en medio de la paja, había un gran queso de Cabrales.

Por lo que les dijeron sus hijos supusieron que Genaro se había llevado la gallina, así que lo denunciaron y la Guardia Civil logró recuperar la gallina y meter a Genaro en la cárcel. Pero la gallina ya no era la misma. El fuerte olor del queso de Cabrales de la cueva de Genaro le había trastocado el ADN genético y ahora ponía huevos… ¡de queso de Cabrales! Aquella gallina seguía siendo un prodigio, era la única gallina del mundo capaz de poner huevos de queso de Cabrales que Mariana y Laurencio vendían a buen precio.

No consiguieron ser tan ricos como antes pero fueron mucho más felices, porque ya no tuvieron que preocuparse por que les pudiesen robar la gallina, porque ¿Quién quería llevarse una gallina que oliese tan mal a queso de Cabrales?