La habitación de los mil mundos.
Érase una vez una niña llamada Sara y su perro Yorki con el que jugaba toos los días al salir del colegio.
Un sábado los dos subieron al desván de su casa y se encontraron una puerta que nunca había estado allí. La puerta tenía forma de pasajera, una ventana redonda y dos picaportes de oro.
Sara se acercó y la abrió. Tras ella encontraron una sala enorme. Las paredes eran de hormigón pintado de amarillo, el suelo y el techo también. En las paredes había unos agujeros redondos de color negro de la altura de un armario. Sara se asomó por uno de ellos y vió un mar hecho de embutidos: salchichón, chorizo, jamón y cosas parecidas.
Fueron mirando toods los aguujeros y cada vez encontraban un mundo distinto.
El segundo mundo era de chocolate caliente y yorki metió el hocico para lamerlo ¡estaba buenííísiísimo! .
El tercer mundo era subterráneo. Debajo de la tierra se veía las raíces de las plantas, gusanos buscando comida, los escarabajos estaban escondidos y los ratones en su madriguera dándose calor acurrucaditos unos encimas de otros. Mundos y mundos más tarde sara y Yorki estaban cansadísimos.
Llegaron así al mundo nº999 que era el de la prehistoria. Un mundo con dinosaurios y mandas de mamuts. Con cromañones pintando las paredes y los techos de las cuevas más profundas. Sara y Yorki tuvieron que salir corriendo perseguidos por tres dinosaurios hambrientos.
Y por fin llegaron al último agujero, en él había un pueblecillo rodeado de naturaleza. A lo lejos Sara vió una casa igual que la suya. A Yorki no le daba miedo ese agujero y entró. Fue directo a la casa y Sara le siguió. Entraron al desván y se encontraron con la misma puerta que habían visto antes. miraron en los agujeros y en uno de ellos encontraron su mundo. Al principio pensaban que no era el mundo real si no que era otra fantasía. Pero vieron a sus padres y entonces se dieron cuenta de que ese era su mundo.
-¡Sara ! ¡Ya está la cena!-dijo su madre.